Vuelvo a llover.

Sucede y me miro la tristeza suave, que empapa lenta.

¿Por qué esta facilidad para ser nudo?

¿Qué voy a hacer conmigo?

Estamos en junio, quizá sea eso. Siempre existe quien lo justifica con el calendario.

Yo soy más de culparme a mí misma.

Quizá un café. Eso y dejar que la calidez de la taza al sostenerlo me acaricie las manos.

Me levanto y voy hacia la cocina.

Un ligero chapoteo interior me avisa de que el agua ya me alcanza las rodillas.

Me niego a mí misma y me pido tregua.

No puede ser tan difícil esto de no ahogarse.

A ver si logro, y de una vez por todas, acostumbrarme a la vida.