Me cansé de ser lo innecesario, o al menos lo no urgente en mi lista de prioridades. Para los otros yo siempre estaba ahí; para mí misma, sacaba turno y un ya veremos.
Ahora te traigo los pedazos de lo que queda. Quiero que escribas toda esta historia. Creo que si se escribe, acabará siendo algo más ajeno. O no. Pero que quede por escrito porque así, al menos, nadie podrá decir que esto no ha existido. Ni yo misma, por mucho que trate de olvidarlo; ¿ verdad?
Me duele todo. Pero si algo útil tiene todo esto, es que ahora sé exactamente el lugar que ocupa el alma aquí dentro. Sí, prueba a que algo te la rompa y verás que tiene unas dimensiones demasiado grandes, como un gran globo roto que tropieza a cada rato con los límites del cuerpo, y en lugar de deshincharse, vuelve a estallar con cada latido. Y sabes que mientras el corazón siga bombeando esa horrible condena está garantizada.
Alma y cuerpo, herida y sal.
Dime que escribirás mi historia, Carmen.
La miro. No sé qué responderle: me pide que escriba , que yo sé de esas cosas; que por algo he escrito ya dos libros. Que lo necesita. Que por favor.
Sé que lo necesita; quién no ha necesitado tocar fondo alguna vez. Y de una vez por todas.
Tiene las manos frías.Y ojeras. Ahora mismo eso es casi todo lo que queda de ella.
Escribiré tu historia, prometo.
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