Me cuenta cosas, se ríe, va a buscar agua, vuelve y trae agua y más risas. De cuando en vez me dice que me quiere. Entonces la miro y sé que estoy en el instante preciso: el tiempo se detiene de esa forma necesaria y el tacto de la arena se hace caricia.

 

Marina. No pudieron escoger mejor nombre para ella. Ahí adentro caracolea a tiempos iguales, un mar feliz y una infancia.

Imagen: Cris Bernal